Hay muchos mitos en torno a la Universidad y sus profesores. Muchos seguramente nos los hemos ganado a pulso, pero la realidad que yo conozco es distinta a la que a veces se escucha.  Muchos de los profesores y profesoras que yo conozco trabajan mucho, muchísimo, sacrificando horas personales y sacando tiempo de dónde no lo hay para presentar un proyecto, preparar un material, contestar un correo, escribir una memoria, preparar una clase, tutorizar a un alumno, asistir a un congreso, o pelearse con la burocracia del mundo universitario, en la que no se hace algo si no hay un papelito que lo acredite.

No obstante, no es motivo de este post analizar las tareas del profesorado universitario (lo dejaré para otra ocasión, que soy consciente de que es un jardín complicado), porque es cierto que, como en todos sitios, hay malos profesionales (haberlos haylos), pero no deja de ser injusto generalizar y convertir en un mito algo que no representa la realidad.

Y de mitos quería yo hablar.

Imagen de Hiking artist con licencia CC.

Debo agradecer el título de este post a una alumna, que posiblemente presa del calor murciano, escribió “mitologías innovadoras” en uno de sus trabajos, cuando ella quería referirse a “metodologías innovadoras”. Tras la consecuente corrección de la palabra en el trabajo, me quedé pensando en el hecho de que muchas metodologías terminan convirtiéndose en mitos.

La RAE define mito, entre otras cosas, como “persona o cosa a la que se le atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen”.

Cuando hablamos de implementar las TIC en el aula a veces podemos caer en entenderlas como “mitologías innovadoras” por sí mismas. Se hace necesario que nos replanteemos viejos mitos sobre el uso de las TIC. Los voy a plantear en torno a frases que un maestro podría plantearse (y que, de hecho, alguna vez me han dicho):

  • “Los alumnos ya saben utilizar el ordenador”. Saben utilizarlo, pero a nivel técnico (y tampoco), les faltan muchas habilidades para gestionar la información y su presencia en las redes (la identidad digital) que podemos trabajar en el aula.
  • “Las redes sociales son peligrosas”. En Tecnología Educativa decimos que los recursos no son ni buenos ni malos, depende del uso que les demos. Son malas si se usan mal y son buenas si se hace un uso productivo de las mismas.
  • “Yo innovo porque subo mis recursos a Internet”. Vale. Haces lo mismo que hacías cuando lo dejabas en la fotocopiadora ¿dónde está lo innovador?. Esto vale también para los “soy moderno porque uso libro digital” en los que se cambia el libro de texto por la tablet, pero para ir haciendo actividad tras otra que viene en el libro sin plantear cambio metodológico.
  • “No uso las TIC porque no me gustan”. Bueno, eso lo puedo entender, pero piensa ¿por qué no te planteas el enseñar matemáticas o lengua…? “pues porque eso es necesario”, pues las TIC también. Forman parte del mundo en el que tu alumno vive, y el no incorporarlas es negarles el aprendizaje de algo necesario para su presente y su futuro.

Y para terminar, una pequeña historia. El cuento al revés.


Pepe, profesor de Secundaria, decidió un buen día que se animaría a utilizar las TIC en su clase. Lo primero que hizo fue subir todos sus contenidos a un blog. A los alumnos les gustó tener los temas en Internet, y además le podían plantear dudas mediante los comentarios. Pero al final, en Junio, pasaba lo de todos los años. Los alumnos estudiaban el examen de memoria, salían de clase y olvidaban lo aprendido.

Pepe no se desanimó, empezó a utilizar vídeos de YouTube en clase, les pedía las tareas a través de Internet… pero la cosa seguía igual, el trasfondo era el mismo.

Pepe un día se hartó y quiso romper con todo. Se planteó hacer las cosas al revés, iban a ser los alumnos los que diseñaran las cosas, trabajarían en grupo, harían vídeos para explicar conceptos de clase que aprenderían buscando en la red y con su ayuda, lo subirían a un blog de clase, que sería de todos. Se planteó mejorar sus clases magistrales, no hacerlas desaparecer, sino complementar distintos métodos en función del tema, incorporar dinámicas para motivar al alumnado en el aula…
Al principio fue un caos, requirió de enorme paciencia para Pepe, que tenía que sentarse y planificar adecuadamente cada paso y cada tarea.
Los alumnos tenían problemas para gestionar la información, su ayuda se convirtió en imprenscindible, tenía que ayudarles a entender qué información es fiable, ayudarles a entender la parte importante de un documento, gestionar los conflictos de los grupos, ayudarles a diseñar un recurso, asesorarles sobre cómo presentarlo.. y lo más difícil para Pepe, evaluar todo el proceso de trabajo. Se dio cuenta, que a pesar de lo que pensaban algunos compañeros, con este tipo de metodología no trabajaba menos ¡trabajaba más!.

Le costó, los alumnos se quejaban de que trabajaban mucho, pero al final del curso notó la mejoría en sus alumnos, sabían explicar el por qué de las cosas, cómo aplicarlas, enseñaban orgullosos sus trabajos, en su “mochila” se llevaban una gran experiencia. Durante los años siguientes esos alumnos lo veían por los pasillos y le decían todo lo que habían aprendido en su asignatura, que les había servido para afrontar otras. Eso supuso una sastifacción personal que le hizo darse cuenta que todo había tenido sentido. Ya tenía en la cabeza nuevas ideas para el curso siguiente.

Y Pepe se dio cuenta que la tecnología ayuda, pero que lo importante es la pedagogía, el cómo, la actividad, y que, cuando las TIC se usan bien, ¡desaparecen!.

 


Imagen de Hiking artist con licencia CC.


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