La Comunidad de Madrid ha publicado hoy un anuncio: será la primera que elimine el uso individual de dispositivos digitales en los colegios. La propuesta no tiene desperdicio por lo disparatada que es. Comienza indicando la normativa que aborda la importancia de educar en tecnología (porque claro, queremos atacar pánicos morales, pero la ley hay que decir que la cumplimos). Posteriormente, establece una relación entre el uso de la tecnología y los resultados de las pruebas PISA que parecen sacar de la manga alegremente, seguida de una serie de motivaciones que no se fundamentan en la investigación educativa. Mención especial en los argumentos al comentario sobre la «preocupación de que los niños ya no jueguen ni disfruten al aire libre». La culpa de eso es de la pantalla en las escuelas, claro que sí (nótese la ironía).

A continuación, empieza la fiesta de medidas locas. Empecemos por la propuesta estrella: la prohibición de dispositivos individuales. La cosa es tan absurda que habla de que no se podrá tener un dispositivo individual pero que sí que se podrá compartir un dispositivo entre dos o más estudiantes. Es decir, que en vez de un ordenador por niño/a, puede haber un ordenador para cada dos niños/as o más. Pues nada, que se pongan en parejas y seguimos el libro de texto digital pero teniendo dos niños por ordenador (nótese la ironía otra vez).

Sobre esto, primero, muchos centros estarán pensando que no les afecta en nada esta medida, porque realmente no tienen dispositivos para cada niño/a, y es curioso, porque es que estamos empeñados en asumir que el sistema educativo está plenamente digitalizado y no es así, hay muchísimas necesidades que cubrir y todavía brechas digitales que superar. Pero lo mejor es la gran contradicción del asunto: se dice que hay que educar en tecnología, pero se prohíbe el acceso individual a ella en las aulas. Es como si para mejorar la comprensión lectora se prohibieran los libros de manera individual y se estableciera que solo se puede leer en parejas. Vale, la comparación es un poco rara, porque se puede trabajar en grupos con un dispositivo, pero es igual de absurda. Porque el asunto es que, más allá de lo individual o grupal, la clave es qué tarea se está haciendo con el dispositivo. Pensar que por no usarlo individualmente se va a utilizar mejor roza el pensamiento mágico. Es un sinsentido absoluto, una decisión más ideológica que educativa (al final explicaré esto un poco mejor). Además, la medida no puede evitar que siga habiendo malas prácticas a nivel didáctico. Pero en lugar de abordar la raíz del problema (la formación del profesorado, cómo se usan los dispositivos en las aulas, o el desarrollo del pensamiento crítico frente a la tecnología) se opta por una medida populista que suena bien en los titulares pero que en la práctica es totalmente ineficaz.

Después aborda el tema por etapas y pone tiempo. No hay evidencia ni estudio científico que fundamente esa propuesta. En ningún caso se plantea qué tipo de tarea se está haciendo con esos dispositivos. Se asume que el problema es la pantalla y ya está. Se demuestra un desconocimiento total de la didáctica y la Tecnología Educativa. Es decir, se pasa por alto que el impacto de la tecnología en el aprendizaje depende del uso pedagógico que se haga de ella, no simplemente de su presencia o ausencia en el aula. No es lo mismo utilizar dispositivos digitales para actividades pasivas y repetitivas que para fomentar el pensamiento crítico, la creatividad o el aprendizaje colaborativo. De qué sirve que pongan tiempo. En una hora se puede estar viendo vídeos de Youtube sin sentido o se puede estar programando un robot o diseñando un recurso para imprimir en 3D. Pero es que, además, se puede estar trabajando alternativamente material manipulativo con digital, por ejemplo, en un proyecto en el que buscamos información en red y estamos creando un cómic en papel. ¿Vamos a repartir cronómetros en las aulas para controlar el tiempo?.

Añade la propuesta que el empleo de otros dispositivos digitales de uso no individual, tales como pizarras o pantallas de gran tamaño no estará afectado por las limitaciones anteriores. Claro, imaginaros teniendo que desmontar todas las PDI de la Comunidad de Madrid. Y pensaréis, bueno, menos mal. Pues mira, no sé Rick, porque si la PDI se va a utilizar como un proyector no creo que solucione muchos problemas ni ayude al desarrollo de la Competencia Digital. De nuevo, la clave no está en la presencia o ausencia de tecnología, sino en cómo se utiliza para enriquecer el aprendizaje. No sé cómo decirlo ya, venga va, pongo mi Djokovic de cabecera.

Finalmente, viene el remate, se indica que «en toda la primaria y secundaria se primará el uso de libros en papel, la escritura a mano, la caligrafía, el dibujo, la memorización y la exposición oral, limitando al máximo la enseñanza de estos saberes básicos a través de medios digitales». ¿Sabrán en la Comunidad de Madrid que el libro de texto no es obligatorio y que es el curriculum escolar el que debe guiar el trabajo del docente?. ¿Sabrán que escribir a mano y a ordenador no es una dicotomía y que se pueden hacer las dos cosas?. Además, lo de meter la «memorización» como si fuera una estrategia metodológica en sí misma es bastante, digamos, llamativo. Confunden los medios con los métodos. Es un jaleo. Reforzar la memorización como eje de la educación sin mencionar el pensamiento crítico o la resolución de problemas resulta un enfoque desfasado, que parece que solo pretende rescatar nuestra nostalgia EGBera.

Entonces, ¿qué finalidad puede tener esta propuesta?. Vamos a ello. En casi todas las CCAA se ha digitalizado, digamos, regular. Lo que se ha hecho, en algunos sitios, es obligar a las familias a comprar un portátil para meter un libro de texto dentro, pero haciendo lo mismo que se hace con un libro en papel. Y esto ha salido regular. Y esto (aquí creo que está el asunto) no lo han supervisado adecuadamente desde las Consejerías de Educación, e incluso en algunas lo han promovido, considerando centros digitales los que tuvieran el modelo one to one. Ahora, estas CCAA se enfrentan al hartazgo de las familias ante ese enfoque, y claro, resulta más sencillo culpabilizar a los dispositivos, en lugar de reconocer que el verdadero problema radica en la falta de planificación, formación docente y visión pedagógica para integrar la tecnología de manera efectiva. En este artículo abordo un poco más esta cuestión.

Por último, la propuesta añade al final que se permitirá el uso en proyectos en los que sea imprescindible para el desarrollo de competencias específicas. Es como la coletilla de «salvo uso didáctico» que incorporan la mayor parte de decretos que tratan de prohibir la tecnología. Es decir, no pueden prohibirla del todo, no pueden evitar que se use si un docente lo justifica didácticamente, porque la Competencia Digital es obligatoria, porque tienen ahora mismo mucho dinero de la Unión Europea para utilizar en tecnología en la educación y porque incumplirían varias normativas. Por lo tanto, todo esto, tristemente, es más ruido que lo que hace es que cada vez sea más difícil tener un debate sereno que ayude a educar a los menores para el mundo que les ha tocado vivir.

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