La trampa de los rankings

Desde hace algún tiempo viene resonando en el ambiente educativo la idea de realizar rankings acerca de diversas cosas: rankings sobre colegios atendiendo a los resultados de los alumnos, rankings de profesorado, etc.

Esta tendencia no es nueva en el ámbito anglosajón, pero en España, la LOMCE ha irrumpido como un elefante en una cacharrería, estableciendo lo que denomina “pruebas de carácter formativo y diagnóstico”, que según la ley servirán para dos cosas (LOMCE 8/2013):
“Indicarán de forma clara al conjunto de la comunidad educativa cuáles son los niveles de exigencia requeridos e introduciendo elementos de certeza, objetividad y comparabilidad de resultados”.
“Y proporcionarán a los padres, a los centros y a las Administraciones Educativas una valiosa información de cara a futuras decisiones”.

Es cierto que la ley menciona que las pruebas tendrán en cuenta el contexto y que se deberá evitar cualquier tipo de adiestramiento para su superación, pero incurre aquí en una incongruencia, si se tiene en cuenta el contexto ¿cómo va a realizar la comparabilidad de resultados que indica? ¿es realmente comparable un centro educativo con otro?.

La ley indica que la prueba será al final de la etapa y general para todos los alumnos ¿dónde queda el contexto? ¿cómo lo van a hacer? ¿van a contratar a cientos de pedagogos para que tengan en cuenta el contexto de cada escuela o será más parecido a una selectividad? me temo que se acercará más a lo segundo.

Todos los que hemos hecho Selectividad sabemos cómo ese curso lo pasábamos aprendiendo a responder el examen de Junio, como en la autoescuela estudias los tipo test para hacer el examen teórico. Concretamente para selectividad se ha llegado a estudiar los autores de los textos que se sabe que se suelen preguntar y no el resto. Hasta tal punto condiciona ese examen la docencia, centrándose en los contenidos, porque claro, a ver cómo evalúas en competencias a millones de alumnos. Si ese es el modelo que promueve la LOMCE adiós a las competencias y adiós a la innovación docente. No podemos enseñar al alumno a pensar, no da tiempo, hay que transmitir los contenidos que salen en el examen, que sino el cole queda mal en el ranking y nadie querrá estudiar en él.

Lo que muchos nos tenemos es que estas “evaluaciones diagnósticas” podrán establecer rankings de centros educativos. Cosa que el mismo subdirector de la OCDE ha indicado que puede ser perjudicial. Dato éste curiosos, cuando la propia LOMCE se basa en los resultados de PISA para justificar esta reforma.
La historia de la evaluación en la educación nos muestra que el tema no es novedoso, Mari Paz García Sanz describe la etapa de los test como una etapa que se desarrolla entre a principios del siglo XX en la que se generaliza el uso de los test como instrumentos para determinar la calidad de la enseñanza, normalmente aplicados al alumnado.
Cierto es que los modelos que se plantean actualmente no son tan escuetos e intentan incluir el contexto como variable a tener en cuenta en la evaluación de las instituciones, pero desde mi punto de vista, pero si buscáramos las 7 diferencias entre lo que se plantea actualmente y lo anteriormente indicado, nos sería complicado encontrarlas. Lejos quedan otros modelos más etnográficos o politocríticos, que me pregunto si realmente se han llegado a plantear los políticos o únicamente se han dejado arrastrar por la moda de los rankings.

Los que defienden los rankings justifican la necesidad de incrementar la calidad del sistema educativo, pero lo que denotan es una visión de la educación muy reduccionista.
Básicamente por lo siguiente:

  • Culpa del éxito o fracaso de una escuela únicamente al alumnado. Se establecerán escuelas buenas o malas en función del éxito o fracaso de la evaluación de los alumnos, cuando un centro educativo está compuesto por otros personajes y factores relevantes, así como el contexto. ¿Hay malos alumnos o malos profesores?. ¿Cómo afecta la familia el interés del alumno por aprender? ¿Un colegio en un lugar de una ciudad es igual que otro?. Focalizar la evaluación en el alumado es un enfoque demasiado reduccionista.
  • Los rankings establecen escuelas de primera y de segunda, y pueden promover la desigualdad y la creación de escuelas-gueto. 
  • Las denominadas “evaluaciones diagnósticas” clasifican al alumnado. No podemos dar por perdidos a los alumnos que tienen bajas calificaciones, el sistema educativo debe promover la reinserción y la igualdad de los alumnos.
Esta moda de los rankings se propaga rápido. En la Región de Murcia se ha contratado a la consultora McKinsey para auditar al sistema educativo murciano.
No quiero que se entienda que no soy partidiaria de la evaluación del sistema educativo, lo soy. La evaluación forma parte intrínseca de la educación. Lo que no veo adecuado son los rankings tal y como se están planteando. Creo que en este país tenemos profesionales muy bien formados que podrían ayudar a evaluar y mejorar el sistema educativo y los centros. No es necesario acudir a este tipo de auditorías (¡la de buenos pedagogos que hay en paro!). Si se quiere conocer mejor el sistema educativo murciano (como se comenta en la noticia) ¿por qué no se pregunta a la comunidad educativa?, en fin, como se dice en esta tierra, eso sería pedirle peras al olmo; teniendo en cuenta que estamos hablando de una ley, la LOMCE, que se ha hecho a espaldas de la comunidad educativa.

Bibliografía utilizada en esta entrada:

En la Región de Murcia una consultora internacional (McKinsey) va a realizar una auditoría al sistema educativo murciano (http://www.laverdad.es/murcia/v/20140107/region/consultora-mckinsey-auditara-sistema-20140107.html).
García Sanz, M.P. (2003). La evaluación de programas en la intervención socioeducativa. Murcia:Diego Marín.

Viñeta de e-faro.info

1 comentario en «La trampa de los rankings»

  1. Elaborar rankings en educación es tremendamente peligroso, darán mucho de que hablar. Habrá que tratar de pasar de ellos y no darle mayor importancia ni difusión. Más preocupante -en mi opinión- son las pruebas de evaluación, parece que el modelo de "aprendizaje" para superar una prueba como meta final y casi única se convierte en una panacea en educación. Y yo me pregunto, ¿los responsables de este tipo de leyes leerán algo sobre investigación educativa? Para el docente innovador estas pruebas serán auténticas pesadillas, para el que estaba intentando ser innovador abandonará, y el que no lo era ni pensaba serlo ya puede estar tranquilo…, aunque espero equivocarme.
    Gracias por compartir tus reflexiones Malle 😉

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