Hace tiempo que no escribo en el blog, y con esta entrada no sé si me estoy metiendo en un jardín, pero es que he visto esta noticia y me han surgido muchas reflexiones que quería compartir. Y como es un jardín complicado, no puede ser reducido en un hilo de Twitter. Esta es la noticia:

Pero antes, un aviso a navegantes: esto no es un hilo específicamente contra la escuela concertada ni su profesorado, que hace su trabajo lo mejor que puede, y muchos estupendamente. Si tiene ganas de guerra, váyase a otro sitio. Si tiene ganas de debate constructivo, quédese.

Sobre la escuela concertada y lo complicado de debatir sobre ella en redes, me suscribo a este hilo del gran Toni Solano (leer antes de seguir).

¿Por qué me meto entonces en este jardín? porque, como evidencia la noticia (y como todos vemos en nuestro día a día), vamos hacia el cierre de muchas escuelas públicas en este país, y merece la pena que reflexionemos sobre ello.

Por lo tanto, esto no pretende atacar a nadie pero sí hablar a favor de la escuela pública y sobre cómo deberían ser las políticas públicas. Lo triste es que defender la escuela pública sea tan complicado hoy en día y enseguida te acusen de conspiradora judeo-masónica, porque, que yo sepa, en las oposiciones a magisterio no piden el carnet ideológico.

Tenemos que entender que la escuela concertada nació en los años 80 para dar respuesta a un problema logístico: España no tenía suficientes centros escolares para conseguir que todos los niños/as tuvieran derecho a la educación.

No olvidemos que en nuestro país también existe la escuela privada, llamémosle «totalmente privada» para que nos entendamos. Es decir, tenemos tres tipos de escuela conviviendo en un modelo que es bastante inusual en Europa.

¿Este modelo en frágil equilibrio puede convivir mucho tiempo? no lo tengo claro.

El debate se ha enfangado en los últimos años con determinadas políticas que entienden la educación como arma arrojadiza y que enfrenta directamente a unos y otros, hasta el punto de que el debate sea muy complicado.

Pero que no quede en intentarlo: vamos al meollo del asunto. El artículo indica que «así muere un colegio público» destacando la baja natalidad como causa principal.

Lo siento, pero no. Un colegio público no «se muere». Un colegio público «lo matamos». Lo matamos cuando no financiamos con recursos la enseñanza pública. Lo matamos cuando tenemos centros con amianto y goteras desde hace años. Lo matamos cuando, con las políticas educativas que desarrollamos, creamos centros gueto. Hablar de la natalidad como causa principal no es totalmente certero, cuando he visto ciudades donde se quitan líneas a centros públicos y se abren líneas nuevas en centros concertados.

La bajada de la natalidad es una realidad, y estamos en un momento importante para reflexionar sobre qué modelo queremos. Quizás aprovechar para bajar la ratio, la gran demanda del profesorado de todas las escuelas, sea una buena opción. El artículo en su totalidad es muy interesante, pero el titular no. Me niego a ver morir escuelas públicas como si fuera algo inevitable o accidental. Se está llegando a eso como resultado de acciones políticas y con la acción (o innacción) de todos. Seamos conscientes, los colegios públicos no se mueren, los matamos.

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